Es contradictorio, pero muchas veces resulta que atribuimos mayor valoración a aquello que se puede ver y tocar, cuando en verdad es aquello que no se ve, y queda por ende en una zona de misterio, lo que mayor impacto tiene en nuestra vida. Tengo la sospecha de que así ocurre con las raíces…
Su existencia tiene lugar bajo tierra y cumplen funciones cruciales. En primer lugar, proveen a la vida un ancla al suelo que brinda la fortaleza básica para el crecimiento y proyección futura. Por otro lado, se encargan de explorar el sustrato -sea en profundidad o extendiéndose horizontalmente- para poder, en última instancia, extraer de allí los nutrientes y agua necesarios para el crecimiento y supervivencia.
Hace unos días atrás les hablaba del desierto florido… Allí, las raíces son particularmente importantes ya que, en lo que respecta a este fenómeno, se trata no solo de la supervivencia de semillas en estado de latencia, sino que también de raíces profundas que esperan bajo tierra durante largos años a que las condiciones sean favorables para volver a brotar. Se trata de raíces que tuvieron que adaptarse para sobrevivir… Algunas han adquirido colores claros para reflejar mejor la luz; otras se han recubierto de cerilla o pelo para mayor protección. Pero todas, sin excepción, adquirieron la capacidad de almacenar agua en sus tejidos para garantizar su funcionamiento subterráneo, y captar la humedad de la neblina costera que anuncia una nueva oportunidad para resurgir.
En tiempos de luna nueva, me hago un espacio para explorar mis raíces y recordar el nido, de dónde vengo, qué experiencias me hicieron la mujer que soy, qué me nutre, qué le da vitalidad a mi alma, y qué potencial aún guardo, posible de brotar.
Con esperanza,
Caray Rocío


