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Sobre las Lianas del Jardín Secreto

Una de las cosas que más me conmueve del libro “El Jardín Secreto” es que es de esas historias con múltiples mensajes y destinada a múltiples audiencias. Tanto si se trata de un niño como de un adulto, habrá siempre un aprendizaje para incorporar.

La primera vez que lo leí vivía con mi familia en la Ciudad de Córdoba y tenía 7 años. Fue el primer libro entero que leí en mi vida (siempre fui un tanto precoz). Me atrapó por completo desde el inicio y recuerdo con mucha emoción lo vívidamente que me imaginaba ese jardín a medida avanzaba en la lectura. Hoy, de adulta, y desde otra vasta ciudad como lo es Buenos Aires, sigo sorprendiéndome cada vez que vuelvo a pasar por esas hojas.

La enseñanza más profunda que el libro ofrece es precursora de la psicología contemporánea y se resume en la cita que hoy les regalo aquí debajo, que es parte de la inspiración para mi segunda serie artística llamada “Lianas del Jardín Secreto”.

“Una de las cosas nuevas que la gente empezó a descubrir en el siglo pasado fue que los pensamientos -simplemente los pensamientos- son tan poderosos como las baterías eléctricas -tan buenos para uno como lo es la luz del sol, o tan malos para uno como el veneno. Dejar que un pensamiento triste o malo entre en tu mente es tan peligroso como dejar que un germen de escarlatina entre en tu cuerpo (…) Cosas sorprendentes pueden sucederle a cualquiera que, cuando un pensamiento desagradable o desalentador viene a su mente, tiene el sentido de recordar a tiempo empujarlo fuera poniendo ahí uno agradable y decididamente valiente. Dos cosas no pueden estar en un mismo lugar.

Allí donde plantes una rosa, un cardo no puede crecer.”

Empezar a trabajar en esta serie artística equivalió en mi vida a esto de empujar pensamientos desagradables fuera y poner, en su lugar, experiencias agradables y valientes. Cada liana que completo, un bello pensamiento; cada flor, un significante nuevo. Como se imaginarán, esta serie se gestó en una época en la cual se sumaron frustraciones y fue muy sanador trasmutar en belleza todo aquello que sentía. A su vez, para esta misma época decidí empezar a trabajar en el relanzamiento de mi nombre artístico, Caray Rocío. Soy de esas personas que creen que, a pesar de todo, siempre toca seguir adelante; y que incluso con dolor, la actitud con la cual encaramos la vida es siempre una decisión personal.

Investigando, me encontré con que no soy la única artista que ha recurrido a este tipo de trasmutación metafórica del dolor a la belleza en su obra. Me encontré con que la misma escritora del libro “El Jardín Secreto”, Frances Hodgson Burnett, lo hizo también al momento de redactar este mismo libro. Marta McDowell en su libro “Unearthing the Secret Garden” nos cuenta que tanto trabajar en su jardín como desarrollar las temáticas que luego conformarían la escritura de “El Jardín Secreto” fueron fuente de escape y cura para Frances en aquellos momentos de elevada conmoción emocional. [1]

A su vez, muchos artistas plásticos de la misma época, década del 1900, pleno auge del impresionismo, tales como Claude Monet y Auguste Renoir, tomaron el mismo camino, el de retratar a la belleza. Ambos declararon varias veces que el mundo estaba ya lleno de cosas horribles como para recortar de la realidad eso y retratarlo, actitud que mantuvieron firme a lo largo de toda su vida. Incluso, Auguste Renoir, en conversación con Henri Matisse en el ocaso de su vida, quién lo cuestionaba “¿Por qué te torturas?” intentando pintar en estado de enfermedad, le respondió con su célebre frase: “El dolor pasa, pero la belleza perdura”. [2]

Para cerrar este escrito, a continuación les comparto una serie de imágenes que me inspiraron y acompañaron a lo largo de este proceso de investigación.

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Notas:

[1] Mc Dowell, Marta. (2021). En Unearthing the Secret Garden. Timber Press.

[2] Azaretzky, Karina. (2024). En Los Artistas y sus Jardines. www.historiasenverde.com

[3] Mc Dowell, Marta. Ídem, p. 265.

[4] Ibid, pp. 78-79.

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