El desierto florido

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El desierto florido

Cuando se nos viene a la memoria la idea de desierto por lo general visualizamos paisajes inertes, reinos del extremo calor, la sequía inclemente y la arena infinita. Así y todo, el cine y la literatura se han empeñado en mostrarnos que dentro de semejante desolación es posible proyectar también, casi de manera arquetípica, focos que estallan de agua, verde y vida. Se trata del oasis.

Claro está, que tales fuentes vitales son, dentro del contexto de un desierto real, absolutamente imaginarias. Sin embargo, quiero hoy hablarles de un fenómeno natural, tan improbable como real, llamado “desierto florido”, que es a mi parecer el oasis posible. Es que, como habitualmente ocurre -para bien o para mal- la realidad supera a la ficción…

Resulta que todos los desiertos del mundo, independientemente de su latitud, pueden florecer en algún momento. Y cuando lo hacen, es inesperado, extraordinario y mágico. 

Han sido ampliamente fotografiadas las floraciones ocurridas en el Desierto de Sonora (cuya extensión recorre el noroeste de México y suroeste de Estado Unidos), la flora del sector occidental del Desierto de Sahara, en África; y muy vastamente la flora del Desierto de Atacama, en Chile. Es que de todas las floraciones de desiertos conocidas, la más sorprendentemente intensa sea quizás la que se produce allí, en el desierto más árido del mundo. Se trata de un fenómeno que ocurre una vez, durante un lapso brevísimo de pocos días, cada 15 a 40 años, producto de condiciones atmosféricas muy especiales que propician la germinación de miles de semillas, en estado de latencia en el suelo, esperando a dar vida a más de 200 especies de flora. Y resulta increíble que estas semillas resistan condiciones tan extremas durante años y florezcan, de repente, ante la llegada de escasísimos y sagrados milímetros de lluvia.

Me llena de inspiración que algo tan delicado y arrebatadoramente bello, como la vida de una flor, pueda subsistir y emerger a honrar la vida, incluso en las condiciones más hostiles. Nos trae de manera casi poética -pero, en verdad, biológica- una lección sobre la resiliencia y la esperanza.

Les deseo una semana hermosa.

Con amor,
Caray Rocío

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